Lun. Ago 15th, 2022

Cuando Herbert Hoover, de 59 años, cuáquero de Iowa, se posesiona como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica  en marzo de 1929, el escenario económico norteamericano, parecía muy favorable.

El mismo Hoover, optimista por naturaleza, proclama que está por iniciar una nueva edad de oro: “No tengo temor por el futuro de nuestra nación, el futuro que nos espera es resplandeciente”

y dirá aún más: “Hoy, nosotros, los norteamericanos, estamos mas cerca del triunfo definitivo por sobre la miseria, que en cualquier otro momento y que cualquier otro país… Pronto veremos, con la ayuda de Dios, el día en el cual la miseria será expulsada definitivamente de esta nación”.

crisis de 1929

Aquel optimismo será desmentido casi enseguida por la crisis económica mas profunda de la era contemporánea, capaz de disminuir en tres años la producción industrial y el PIB de los Estados Unidos a la mitad, y de aumentar la desocupación de uno a doce millones de personas.

Europa, también afectada por la crisis de 1929, no estaba mejor, con sus quince millones de personas sin un trabajo.

¿Qué sucedió? ¿Es que acaso el presidente se volvió loco y hacía declaraciones irresponsables?

En honor a la verdad, las previsiones del presidente Hoover, eran apoyadas por la mayor parte de los ciudadanos y todo hacía pensar que el ‘Sueño Americano’ continuaría en modo indefinido.

Antes de la crisis de 1929

Los Estados Unidos, eran la nación que había obtenido las mayores ventajas de la victoria en la Primera Guerra Mundial, con el cambio de la dirección de las políticas económicas y financieras de Europa a Norteamérica; además el dólar era la moneda preferida en el cambio internacional y el crecimiento interno del país corría a un ritmo vertiginoso.

Entre el 1923 y el 1929 la producción industrial creció del 33% y el renta del país de 25% y las ganancias al 75%, lo que llevó a mejorar el tenor de la vida de la mayor parte de los ciudadanos norteamericanos.

Mientras que en el viejo continente había un automóvil por cada 83 habitantes, en los Estados Unidos, había un auto por cada 5 habitantes.

El sistema de compras a cuotas, permitía a muchas familias estadounidenses de tener en sus casas electrodomésticos que las familias europeas verían por primera vez, después de la Segunda Guerra Mundial: la refrigerador, la aspiradora,…

Se apostaba todo, en materia económica, al desarrollo de las inversiones, en la riqueza privada, la disminución de los impuestos, y la creación de grandes grupos societarios industriales y financieros.

el negocio más importante de los estadounidenses son los negocios

Calvin Coolidge

El inicio de la crisis

Pero no todos estaban bien. Habían amplios conglomerados de personas marginadas y pobres, sobretodo entre los inmigrantes y la personas de color.

Estas personas eran de las pocas que no habrían nunca de invertir en la bolsa, cosa que en cambio para los demás era una moda, en vista del gran volumen de intercambio que se registraba en Wall Street en aquellos años.

Compraban acciones no solo los magnates de la alta finanza, sino también los miembros de la llamada clase media, embriagados por la prospectiva de fáciles ganancias.

La frase que circulaba era “¡hay para todos!”. Las acciones se compraban y obtenían más valor. 

La situación inició a cambiar en 1928, cuando esta alza de precios parecía incontenible; el indice Dow Jones,  en dos años había aumentado del 100% a causa de la especulación.

Se compraban acciones sin preocuparse de la salud económica de la empresa a la que pertenecían, solo se lo hacía con el objetivo de revenderlas a un precio superior, ganado en la negociación.

Madre migrante, imagen de la fotógrafa Dorothea Lange que muestra a los desposeídos cosechadores de California

Las reglas del juego

Esta mecánica funcionaba bien si no habían problemas mientras se mantenían las acciones hasta su reventa, pero era muy alto el riesgo que se corría, como muchos tuvieron la ocasión de comprobar después.

En este campo de juego, entraban tres sujetos: los clientes, los corredores de bolsa y los bancos.

El cliente podía comprar acciones aún si disponía en efectivo solo el 20% de su valor. El resto del importe lo pondría el corredor de bolsa, el cual lo hacía obteniendo un préstamo del banco.

Las condición era que el corredor de bolsa retenía las acciones compradas por el cliente como garantía. Si el valor de las acciones disminuía, el cliente tenía que pagar la diferencia en efectivo para emparejar la inversión, pero si, como sucedió durante mucho tiempo, las acciones continuaban a subir su precio, al venderse estas a un precio superior, se recuperaba lo pagado, además de proporcionar ganancias a las partes involucradas en el esquema.

Es en esta forma que se enriquecieron millones de norteamericanos.

Explota la Crisis de 1929

A mediados de 1929 explotó la crisis. El mercado de bienes y consumo, a este punto saturado, provocó la contracción de la producción industrial y por consecuencia el aumento de a desocupación.

En Wall Street se inició a vender, al inicio en modo discreto y gradual, y luego en medio de un pánico descontrolado que empeoró las cosas.

En los últimos días de octubre, las acciones vendidas eran millones. Todos debían a todos, era un mar de débitos cruzados. 

Al improviso los Estados Unidos se encontró pobre y el tenor de vida cambió.

Poco tiempo después, Europa sufrió el mismo destino. La crisis de 1929 alcanzó un nivel mundial

Multitud reunida en la intersección de Wall Street con Broad Street, al enterarse de la quiebra de la bolsa en 1929.

By Enrique Vásquez B.

Programmatore dal 1988, con la passione per la scrittura di articoli di ogni genere. Attualmente sviluppa per ZEVEN S.A. il Sistema di Fatturazione Elettronica. Ecuadoriano di nascita e italiano di residenza, scrive da Genova, città che ha imparato ad amare tanto quanto la sua natale Guayaquil. Padre di due figli che sono il suo orgoglio e marito di una donna eccezionale.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.